Valentín Núñez (1953, Hellín, pueblo de Albacete que linda con Jumilla). Nació detrás del mostrador de una taberna hasta el techo de toneles de vino. Su madre era la tabernera, los parroquianos le pellizcaban el culo, ella repartía bofetones con gracia. Su padre los echaba a patadas. Siempre volvían a por vino, bofetones y patadas.
Emigraron a Madrid, donde acabó estudiando tecnologías sobre la instalación y mantenimiento de ordenadores centrales para todo tipo de empresas: universidades, aeropuertos, multinacionales, constructoras… etc.
Huyó de la urbe, elegió Andalucía y peleó por Granada. Desde Granada ha habido circunstancias laborales que le han llevado a Canarias, Levante, el País Vasco, Galicia etc. Le encantaba su trabajo, sus clientes por encima del problema. Tan entrañables que terminaban siendo amigos.
No importaban el hotel, ni el avión, ni los trenes…, la literatura era su amante de mochila, de maleta de herramientas, de mesilla nocturna…, hasta de consejera tecnológica.
Encontró al amor de su vida, rodeada de cables, en un centro de cálculo.