A Rocío Biedma le duelen en el alma las muertes de miles de niños y niñas en las numerosas guerras que asolan el planeta, en Gaza, Ucrania y cualquier otro lugar donde los bárbaros del crimen asesinan impunemente. Por eso sus poemas denuncian la injusticia, la sinrazón, la locura y la violencia inútil de este mundo deshumanizado. Este libro que tienes en tus manos remueve conciencias y emociona, algo que, en mi opinión, es lo mejor que se puede decir de un libro.
Rafael Calero Palma
Rocío Biedma ha elevado su tono habitual de voz poética para escribir estos poemas. Ya el título toma forma de oración laica e identifica la palabra ángel con la palabra niño. En nuestra cultura, más que un ser mitológico protector, el ángel es el gran símbolo de la bondad y la inocencia. La denuncia contra las guerras en general y contra la de Gaza en particular, se centra aquí en víctimas muy sensibles: los niños. Con un lenguaje rico y matizado, la autora nombra cada una de las aristas que dan lugar a la tragedia. «La orfandad llega sin permiso horadando la memoria de otras memorias», nos dice haciendo historia. Y con imágenes no exentas de ternura, nos dolemos ante esa niña «amapola sin pétalos». La infancia en Gaza, pero no solo allí, ha quedado reducida a «esos niños sin nombre que no verán amanecer».
Mónica Doña


