En Memorias de la bestia suena una voz vigorosa, visionaria, que se eleva por encima de la materia hacia un plano elemental. En esta esfera conviven las esencias de la naturaleza y el ser con un dolor íntimo y familiar, y aunque dicho sentimiento termina de encarnarse en un yo nebuloso, inaprensible, no por ello pierde un ápice de fuerza; bien al contrario: gana en universalidad.
Combinando alusiones cabalísticas con imágenes cargadas de simbolismo religioso o, como poco, espiritual; tentando el hermetismo de la palabra —desde una expresión, sin embargo, desnuda, quintaesenciada, solo en apariencia sencilla—, los versos de la cubana Adianys González Herrera fluyen en libertad, en una propuesta originalísima, arriesgada y, por encima de todo, auténtica.
Jurado Premio Federico García Lorca de Poesía


